La Coctelera

losbustamantediaz

25 Diciembre 2007

Ven a nuestras almas, ven no tardes tanto...

"Bendito el que viene,
el rey, en nombre del Señor,
en cielo paz,
y gloria en lo más excelso."
Lucas 19: 38

A pesar que el día comenzó como cualquier otro, el olor a festividad se percibía en las calles claramente. Al otro día sería navidad. El día que se tornaba de cielo turbio comenzaba a cubrirse con luces, con buses medio desocupados que deambulaban y uno que otro con los afanes típicos de la noche buena.

Ahí estabas tu Señor, sentado apacible viendo cómo algunos con suma conciencia se preparaban a la gran fiesta del año y otros que sencillamente veían un simple motivo para festejar.

Tu viste la casa de papatitos, el paso de las horas en medio de una conversación entre sueños y comentarios, iba marcando la cercanía de tu momento, de sentarnos en familia y contemplarte como nuestro Dios y salvador. Los sobrinos más inquietos que nunca, presentían que algo especial pasaría esa noche. Consientes o no de tu cumpleaños, ellos tenían claro que habría celebración.

Ya en la reunión te manifestaste, como digno invitado de honor que eres. No solamente estabas presente en el gozo de los juegos sino que también regocijaste nuestros corazones cuando compartimos tu palabra. Sabiamente nos mostrabas lo bondadoso que has sido al librarnos de las malas intenciones del enemigo y también nos mostraste cuán misericorde puedes llegar a ser perdonando nuestras caídas y tentaciones mal libradas. Eres grande Señor, nuestros corazones se abrieron y clamaron una vez más que vinieras a nuestro auxilio, a nuestra morada que a pesar de tener instancias presentables a tí, también hay rincones oscuros donde más falta nos haces con tu luz.

Y respondiendo Jesús, dijo a ellos: «No tienen necesidad los sanos de médicos, sino los que mal están. No he venido a llamar justos, sino pecadores a penitencia» Lucas 5: 31 - 32

Ven a nuestras almas, ven no tardes tanto, ven que necesitamos de tí. Nunca será suficiente, nunca llegarás tarde, nunca nos dejarás desamparados pues tienes todo bajo tu control. Ven que tu rebaño clama por tí, un pueblo que no es nada sin su pastor, un pueblo que desea el gozo al alabarte y devolverte con mucho o poco lo que le has dado. Clamamos por servirte, clamamos para ser llamados hijos tuyos y que sientas orgullo al abrazarnos. Clamamos todo de tí Señor.

Bendito seas por que te hiciste presente. Atendiste nuestra cita y nos acompañaste en la alegría de tu cumpleaños. Gracias Jesucristo por haberte hecho hombre y haber sentido nuestra debilidad humana. Gracias Dios Padre por habernos permitido gozar de tu mayor prenda de amor: Tu Hijo. Gracias por habernos llamado a ser parte de tu familia.

Navidad Díaz - Mesa - Bustamante (2007)

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6 Diciembre 2007

Cuántas cosas han pasado

De nuevo reaparezco para compartirles lo que ha pasado en estos últimos tres meses, pues momentos así sólo pasan una vez en la vida (¡cómo olvidarlo!) y toca contarlo al mundo.

La ausencia tanto en respuestas a correos de buenos deseos (los cuales agradezco de todo corazón a quienes nos escribieron o llamaron incluso), como a la alimentación del contenido de este blog, ha obedecido a lo que lógicamente debía pasar: vivir plenamente este tiempo de entrega, ajuste y costumbre frente a lo que es iniciar prácticamente de cero la vida y comenzar a delinear con mucho cuidado y mucho amor el derrotero de lo que será de acá en adelante.

Sin más preámbulo les comienzo a contar lo que sucedió días antes, durante y después del ocho de septiembre de este dos mil siete.

Los preliminares
Los días previos a la famosa fecha transcurrieron por una parte con relativa calma y serenidad espiritual, pero por otro lado con los afanes típicos de lo que sería una celebración; si bien queríamos se marcara más por el contexto sacramental que social, no dejaba de demandar mucha atención y mucho cuidado en cada detalle.

Nuestras familias estuvieron muy atentas a lo que estaba pendiente por ultimar, nuestros compañeros de trabajo muy dispuestos a la molestadera e incluso "amenazadera" de hacernos algo, que con visos de sencillez terminara siendo un inmenso pretexto para el desorden y la guachafita extrema. La verdad -para bien o para mal, aunque más bien que mal- se quedaron en eso y no trascendieron a mayor cosa salvo los comentarios como "nunca es tarde para arrepentirse", "se cansó de la buena vida", etc. En fin, una buena época con sabor a rareza pero con expectativas que le daban un toque preciso de ansiedad.

La noche
La última noche de novios transcurrió de manera lenta prácticamente. La angustia ya estaba comenzando a superar los niveles de Valeriana ganados a punta de gotas durante las últimas tres semanas, pero terminaba siendo aplacada por comentarios como "esta es la última noche que te recojo y te traigo", "esta es la última noche que me regreso solo", "en doce horas ya seremos esposos" y otras cuantas que ya pasaban de lo nostálgico o lo necesariamente alentador.

Bastante avanzada la noche, y cada uno en su respectivo hogar (hasta el último momento), llegaron las bendiciones y los buenos deseos de nuestros padres, que hacían sentir más cercana la hora pero más seguros de la decisión, arraigando el interés y el empeño por sacar todo adelante.

Lo realmente duro hasta ese instante llegó cuando ya arropado apagué la luz del cuarto (que era prestado porque en el que era mío ya no podía dormir pues ya había trasteado la cama) y sentí el peso del momento y la angustia del "esto ya no tiene reversa y es para siempre". Ese fue uno de los segundos de la vida en los que he experimentado más fuerte la fe en Quien creo, mi Dios hermoso, y el firme propósito de llevar a buen término lo que ya sentía como trazado por Él en mi vida.

Llegó el día
Despertar no tuvo mayor complique, como tampoco salir de la cama como en algún momento lo alcancé a imaginar. Me levanté a pulir más de una cosa pendiente y con mucha cautela pero tampoco con demasiada parsimonia, comenzé a darme mi último duchazo de soltero.

En cada acto sencillo sentía la anestesia por la que tanto me había preparado, desde alistarme la corbata hasta amarrarme los zapatos.
Ya eran las diez y estaba listo en el carro esperando a mis papás para salir directo a la iglesia. Rumbo a ella pensaba que se día, en que pasaban los carros a mi lado como cualquier otro sábado, ese día, nacería nuevamente. Esa reflexión cobraba más sentido en la medida que recorría toda la vida hasta ese momento y recordaba las quinientas ocho veces que pensaba o decía "cuando yo me case" y veía que al final de cuentas el día estaba pasando como cualquier otro, sin tanta arandela y sin tanto adorno como lo suele uno imaginar.

Cuando llegué había gente esperando a pesar que aún faltaba tiempo para llegar a las once de la mañana, hora para la cual estaba marcado el inicio de la ceremonia. Los músicos aún no estaban completos y el viento había dispersado por todo el patio que antecede a la capilla en el seminario Valmaría, los pétalos que supuestamente adornarían los bordes de la alfombra que enmarcaba el camino de la novia. No faltó que más de uno preguntara "¿Está nervioso?" a lo que siempre respondí que no, pues como ya lo dije, sentía que la cosa no era conmigo (no por negarlo sino que la decisión me tenía muy tranquilo, cosa que más que nervios me generaba mucha ansiedad).

La gente prácticamente ya estaba completa pero aún faltaba un ligero detalle: la novia. Ella fue presa de un trancón de sábado soleado bogotano donde el pico y placa hace más falta que nunca; los padrecitos (mi tío y el padre Jaime) aprovecharon para contar sus anécdotas de retrazos de novias y no bacilaban para pedir cada cinco minutos que llamara y averigüara donde venía mi futura esposa. En las tres llamadas que hice me decía mi cuñada que ya en cinco minutos llegaban. Lo justo de esta espera es que dio tiempo para que todo se acomodara, los invitados llegaran prácticamente en su totalidad, pero sobre todo, que de él se sacara partido para que la gente viviera el momento con gracia y expectativa.

Finalmente llegó
Llegó la novia y con ella el inicio de la ceremonia, que comenzó con mi entrada junto con mis padres hasta medio camino de la entrada al altar, a la vista de todos los asistentes que ya se encontraban acomodados. De fondo, una música suave que me tranquilizaba bastante, restándole peso a las lágrimas que por su peso se me querían escapar (ahora sí más que ansioso estaba nervioso pero también muy agradecido con todo el cielo de tenerme ahí, esperando a que entrara mi muñeca con su vestido blanco que por mucho rato fue expectativa en su diseño).

Mis padres y yo mirábamos a la puerta de la capilla que por organización cerraron para que yo no viera a la novia, hasta el punto en que a contraluz ví pasar el sol por una rendija que finalmente se abrió por completo. Ahí estaba mi niña, muy hermosa con vestido corto como incluso yo lo había soñado, y de gancho de sus brazos a cada lado, Don Germán y Doña Vicky, llevándola muy reposadamente pero con angustia al punto donde finalmente ante Dios me sería entregada por ellos. Sin mayor gesto ni palabras pero con todo el cariño del mundo, Don Germán puso mi brazo junto al de Diani y de ahí en adelante ya fue caminar solos a lo que sería la bendición del Padre Altísimo, a lo que quería desde hace rato nuestro corazón.

Nuestro nerviosismo pasó a ser alegría y emoción, acompañados de dos sacerdotes que supieron llevar a cabo una ceremonia en la cual habíamos depositado nuestro deseo de ser inolvidable. Mi tío, el padre Hernando y el Padre Jaime que nos "vió crecer" espiritual y sentimentalmente, hicieron de ese día algo digno de recordar siempre, marcando no sólo nuestros corazones sino también el de muchos asistentes que presenciaron cómo Dios se hacía parte de nuestra unión y se consolidaba como hilo fundamental en el lazo de tres que en ese momento se formaba.

Vino la bendición de argollas y mis ojos se empañaron rotundamente haciendo "estragos" conmigo pues fue muy difícil evitar que se dieran cuenta que estaba bastante conmovido (además que el micrófono no ayudó mucho pues todo el mundo debió escuchar lo difícil que resultaba contenerme). Mi cielo estaba muy tranquila, muy contenta y eso también terminó transmitiendome mucha serenidad. Además estaba hermosa, verla ahí, al lado mío, esperando los anillos, las arras, la cinta, todo; como diría Master Card, eso no tiene precio.

Instantes especiales como el Padre Nuestro junto con nuestros padres y padrinos, y de la mano de los sacerdotes la bendición de todos ellos, quedaron insertados en mí. La música fue clave aunque nuestras expectativas eran mayores pues teníamos como cantantes las mejores voces de lo que a mi juicio es el mejor ministerio musical nacional que he oído. Lo importante es que finalmente salió todo muy bien y todos quedaron muy contentos con la ceremonia. Mi tío Nano, el curita de la familia, cerró con unas palabras memorables y muy especiales que de todo corazón le agradezco.

A la salida nos esperaban una lluvia de confetis y serpentinas que contrastaban con el cielo espectacularmente azul y lo que es mejor, el abrazo, la compañía, el amor y todo el afecto expresado por todos y cada uno de los asistentes a la celebración. Muchas gracias a todos porque de manera muy sincera recibimos de todos el cariño que nos confirmaba una vez más que íbamos por el camino correcto, marcando así el inicio de una relación que por siempre, estoy seguro, será bendecida.

Acá las fotos de aquel hermoso día.

El matri

Recepción
Ya en el carro, de camino al salón, veía pasar los primeros minutos de casado disfrutándolos con Diani recordando todo lo que la ceremonia nos trajo. Al tiempo, en la calle, la gente nos veía pasar, algunos con intriga de ver la novia, otros que incluso saludaron y felicitaron.

Llegamos al salón, todos nos esperaban. Fue bastante grato ver la gente reunida entorno a nuestra celebración, haciéndose partícipes de nuestra alegría. Ferchi y Linda, quienes son mi cuñada y su esposo, nos esperaban como los maestros de ceremonias que queríamos que fueran y comenzaron a llevar la reunión en el orden que habíamos planeado que sucediera. Comenzamos con la comida (ya era la hora del almuerzo) la cual fue adornada con una bella oración de Ferchi. Luego vinieron las palabras de don Germán, las mías y luego las de mis padres, todas al cual más de emotivas. En seguida el baile de los novios que queriendo hacer alusión a la alegría que deseábamos reflejar, cambiamosa Strauss por Celedón y gozamos con todos la canción "Qué bonita es esta vida".

La rifa de la liga y luego del ramo hicieron parte de la tradicional alegría que un evento como estos trae. Luego como sorpresa que tenía guardada para Diani, llegó un grupo vallenato, género bastante atrayente para ella con lo que la gente comenzó a bailar.

Gracias a Dios todo salió muy bien y lo más importante, todos estuvieron muy contentos como lo habíamos esperado y soñado. Valió la pena la espera, la organización, el esfuerzo no solo de nosotros sino también de nuestras familias para que ese día todo saliera bien y nos sintiérmamos llenos de gozo por lo que nuestra unión representa no sólo nosotros sino también nuestras familias. MUCHAS GRACIAS A TODOS NUEVAMENTE.

Luna de miel
Como podrán imaginarse, acá no entraré en mayor detalle salvo que al día siguiente, muy madrugados salimos para Panamá por ocho días donde gozamos de muy buen clima, muy buena comida y un ambiente bastante agradable. Afortunadamente todo salió bien, con un poco de angustia al principio al ver que sin querer confundí la maleta con otra idéntica pero que por gracia de Dios nos dimos cuenta a tiempo (aún cuando ya habíamos salido y todo el mundo ya había tomado su respectivo trasporte... el Señor es muy grande que encontré a las personas que por error tenía nuestra maleta!).

Disfruten las fotos que queremos compartirles.

Luna de miel en Panamá

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10 Agosto 2007

La familia nuevamente reunida

Llegó el 4 de agosto y con él la visita de varios familiares de la familia Bustamante que hace rato no iban a la casa. El motivo: el segundo shower de familias, al cual asistieron todos los invitados, con la sorpresa de recibir en nuestra casa a varios seres queridos que hace rato no nos visitaban, pero con quienes se ha mantenido contacto a lo largo del tiempo.

Un día muy especial partiendo del hecho que no sólo estuvimos los Bustamante y los Gómez, sino que también contamos con la grata compañía de La familia Díaz Pérez, junto con la tía Paty, la tía Carmenza y Danielita.

Muy puntuales todos excepto el novio, llegó la gente a las tres de la tarde para compartir un rato en familia, donde no sólo se daban cita los reencuentros sino que también se departió entre las dos familias que con la gracia de Dios espero que sea una sola muy pronto.

Esta vez no hubo karaoke ni actividad en particular, pero se le dio paso a la charla y al chiste. Es muy rico y gratificante ver que haya empatía entre las familias y cada una se sienta a gusto con la otra.

Llegó el momento de los regalos y la verdad fue muy gratificante pero muy duro leer y procesar una tarjeta que recibimos de los "papatitos". Tanto a Diani como a mí se nos entrecortó la voz pues cada palabra entró de manera tajante en cada corazón por el amor y el cariño que cada una contenía. Doña Vicky compartió nuestra emoción.

Al final de cuentas todos la pasamos muy bien, nuevamente agradecidos con quienes nos acompañaron y compartieron su alegría por nuestra unión. A todos ellos mil bendiciones y gracias por su apoyo y sus buenos deseos.

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10 Agosto 2007

Entre el karaoke y la buena compañía

Hace rato no escribía y me siento un poco mal pues me comprometí a mi mismo a mantener actualizado este sitio con los eventos más importantes de nuestro camino al altar :)

El 7 de julio tuvimos nuestro primer shower y fue realmente gratificante por el afecto que recibimos ese día, desde Doña Vicky que con mucho esmero preparó todo en su apartamento, pasando por don germás y "la abuelita" que hiciero parte de los preparativos, hasta la visita de todos y cada uno de los asistentes.

Nuestra idea era hacer un shower para la familia Díaz y la familia Pérez y otro para la familia Bustamante y la familia Gómez. Este fue el primero de ellos y gracias a Dios contamos con la compañía de todos a quienes esperábamos.

Una reunión bastante amena, animada por Sanry, donde se contó con el aporte musical de más de un invitado que con mucha personalidad decidió lanzarse al ruedo para hacer parte del karaoke que se organizó como parte de la actividad. El repertorio fue diverso y muy grato ver que hasta los que a duras penas hablan, tarareaban o incluso cantaban cada canción que se ponía.

Llegó la hora de abrir los regalos y la sensación fue muy rara pues ninguno de los dos había participado como protagonista en una actividad así. Dio mucho susto, mucha pena incluso, pero mucha alegría de ver el cariño de todo el mundo.

A todos los asistentes muchas gracias por su presencia, por sus detalles y sobre todo por su apoyo en este gran deseo de Diani y mío.

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9 Junio 2007

Cuando uno decide casarse...

No es difícil ver que muchos hombres (y una que otra mujer) le temen de manera casi abrumadora al sacramento del matrimonio. No puedo negar que con todo y que siempre guardé el anhelo más grande de hacer familia, también me generó un poco de escosor el tema.

Sin embargo estoy convencido que el Señor sabe cómo hacer las cosas, y allana tan bien los caminos, que es muy grato sentir en el corazón el sentimiento de estar listo para dar el paso.

En mi caso, todo sucedió de manera poco premeditada pero sí con mucho corazón. Comenzando porque cuando arranqué el 2007 no me imaginé que fuera en este mismo año que tomaría tal decisión. Mi noviazgo se estaba cimentando en muy buenas bases lo que me daba mucha tranquilidad, pero aún así veía bastante lejana la idea de concretarlo prontamente.

Básicamente y sin darle tantas vueltas, contemplar la idea de casarme sin esperar mucho tiempo, comenzó con el inmenso gozo de sentirse bendecido con una hermosa persona como lo es Diani, con una digna hija CONSENTIDA de Dios. Eso abre los ojos de cualquier hombre, o al menos del que que ve en una persona así la gracia de una vida feliz. Es difícil no enamorarse de una persona que ve en todo una oportunidad y mejor aún, el suspiro de "el de arriba". Súmele a eso que tal como lo dice una frase de cajón, soy mejor cuando estoy con ella y yo complemento, somos mejores cuando nos tomamos de la mano y damos gracias al cielo por habernos puesto en el camino.

No faltará el que lea esto y lo sienta novelezco y retórico, pero en verdad debo decir que sin ese sentimiento no hubiese llegado a este punto. Por eso exorto a quienes ya están casados, a darle gracias al cielo por sus parejas y a encontrar en cada mañana, en cada tarde, en cada noche, junto a esa persona o alejado de ella, la bendición más grande; por mucho o poco que crean en un ser superior, así sea no más por cambiar de ambiente, levante su mirada al cielo y suelte sin remordimiento un sincero "GRACIAS".

Y para el que le da piquiña le tema, no se afane, le llegará su momento, se lo aseguro, si realmente lo desea. Será de plena tranquilidad, será incluso de alegría y empalague con el tema, y en el mejor de los casos se verá muy viejo al lado de esa novia o novio, disfrutando de lo bueno de la vida.

Ahora, si no se quiere casar, eso ya es su problema (je) pero me siento en el deber de decir: AL MENOS CONSIDÉRELO, probablemente es lo que le falta a su vida. Ámese y ame.

Doy gracias a Dios porque tengo mucha fe que en unos años no sólo sentiré esto mismo, sino tal vez una alegría y una tranquilidad mucho más grande, por encima de las adversidades.

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28 Mayo 2007

Todo empezó con aire...

En realidad, todo comenzó con picardía pero más que eso con mucha emoción. Pero bueno, esta historia será contada más adelante para cultura general o por puro chisme.

Por lo pronto me interesa contar lo que pasó ayer 26 de mayo, día en que por más que mi hermosa novia ya sabía que pasaría, pedí su mano, le entregué el anillo y mejor que eso, la sorprendí con muchos globos.

La mañana comenzó agitada pues además de preparar una exposición para la clase de teología, debía también por fin darle forma a lo que sería la sorpresa que esperaba fuera inolvidable para Diani, que resignadamente veía que sólo sus amigas tendrían una proposición de matrimonio digna de un cuento de hadas urbano.

Primero era escribir la carta que inicialmente pensé sería a pulso, pero después concluí que podía mostrar mis dotes de diseñador de impresos y pedir mucha colaboración a las fuentes inglesas y al papel con flores de fondo para que se transmitiera todo lo que quería que ella sintiera. Por supuesto la firmé con mucho amor y con mucha ilustración.

Después tocó salir corriendo a recoger los treinta globos inflados con helio, unos blancos y otros rojos pero como particularidad común un corazón por forma. Con cada globo que se iba posando en el techo del almacén me daba cuenta que la idea era al menos encantadora para mí, un pequeño que le tiene más que miedo mucho respeto a las alturas, pero con un deseo inmenso de tener por más de un segundo los pies desprendidos del suelo (lo mejor de todo es que estoy dispuesto a que más que un segundo sea una vida entera al lado de mi chiquita hermosa).

Una vez inflados fue muy curioso cruzar la calle sorprendido por las miradas, algunas con intenciones de juicio cursi y otras con codazo incluído a su pareja reclamando un regalo así. Luego meterlos al Twingo fue simpático pues al final parecía un regalo de cardiólogo romántico y no de diseñador inexperto en las artes de la sorpresa.

Cuando llegué a la casa me encontré con un suegro cómplice, que si bien es cierto se quedó paciente en la sala esperando que yo distribuyera globo por globo en el techo de la habitación de Diani, estaba muy pendiente en qué más podía colaborar para ver cómo hacía parte de la sorpresa. Mientras tanto mi futura prometida estaba haciendo una diligencia que más por presión que por convicción, resultó siendo parte de la treta donde Doña Vicky también era parte del plan.

Llegó la novia y aún me sentía inquieto pues quería que todo saliera perfecto. No fue sino medirlo tanto para que al final no pasara lo esperado: ella se dió cuenta que yo estaba ahí y no pude sorprenderla por detrás cuando ella hubiese visto su cuarto con un cielo rojo y blanco, como nubes que sujetaban una nota por cada corazón, recordándole mi época de conquista de su amor.

Ventiseis globos pendían del cielo (faltó uno que no sobrevivió el viaje en el carro) y otros tres escoltaban una carta que por su peso físico y emocional prefirió quedarse reposada en el lecho de su cama. Esos tres globos representaban lo que deseo sea nuestro sacramento: El Padre Celestial, ella y yo.

Una vez leyó todas las notas, cogió la carta en sus manos y con mucha ansiedad pero con mucho deseo la devoró hasta la mitad cuando ya sus ojos no pudieron aguantar más el peso de sus lágrimas. Cuando ví que ya la había leído toda, saqué del bolsillo un pequeño cofre de terciopelo negro y puse ante sus ojos (al principio un poco esquivos) lo que sería el signo de mi más profundo deseo de compartir el resto de mi vida y de la muerte a su lado.

Un enorme SI y muchos besos como marco sellaron ese momento que por gracia de Dios no se borrará de nuestra memoria.

Pedida de mano

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