No es difícil ver que muchos hombres (y una que otra mujer) le temen de manera casi abrumadora al sacramento del matrimonio. No puedo negar que con todo y que siempre guardé el anhelo más grande de hacer familia, también me generó un poco de escosor el tema.

Sin embargo estoy convencido que el Señor sabe cómo hacer las cosas, y allana tan bien los caminos, que es muy grato sentir en el corazón el sentimiento de estar listo para dar el paso.

En mi caso, todo sucedió de manera poco premeditada pero sí con mucho corazón. Comenzando porque cuando arranqué el 2007 no me imaginé que fuera en este mismo año que tomaría tal decisión. Mi noviazgo se estaba cimentando en muy buenas bases lo que me daba mucha tranquilidad, pero aún así veía bastante lejana la idea de concretarlo prontamente.

Básicamente y sin darle tantas vueltas, contemplar la idea de casarme sin esperar mucho tiempo, comenzó con el inmenso gozo de sentirse bendecido con una hermosa persona como lo es Diani, con una digna hija CONSENTIDA de Dios. Eso abre los ojos de cualquier hombre, o al menos del que que ve en una persona así la gracia de una vida feliz. Es difícil no enamorarse de una persona que ve en todo una oportunidad y mejor aún, el suspiro de "el de arriba". Súmele a eso que tal como lo dice una frase de cajón, soy mejor cuando estoy con ella y yo complemento, somos mejores cuando nos tomamos de la mano y damos gracias al cielo por habernos puesto en el camino.

No faltará el que lea esto y lo sienta novelezco y retórico, pero en verdad debo decir que sin ese sentimiento no hubiese llegado a este punto. Por eso exorto a quienes ya están casados, a darle gracias al cielo por sus parejas y a encontrar en cada mañana, en cada tarde, en cada noche, junto a esa persona o alejado de ella, la bendición más grande; por mucho o poco que crean en un ser superior, así sea no más por cambiar de ambiente, levante su mirada al cielo y suelte sin remordimiento un sincero "GRACIAS".

Y para el que le da piquiña le tema, no se afane, le llegará su momento, se lo aseguro, si realmente lo desea. Será de plena tranquilidad, será incluso de alegría y empalague con el tema, y en el mejor de los casos se verá muy viejo al lado de esa novia o novio, disfrutando de lo bueno de la vida.

Ahora, si no se quiere casar, eso ya es su problema (je) pero me siento en el deber de decir: AL MENOS CONSIDÉRELO, probablemente es lo que le falta a su vida. Ámese y ame.

Doy gracias a Dios porque tengo mucha fe que en unos años no sólo sentiré esto mismo, sino tal vez una alegría y una tranquilidad mucho más grande, por encima de las adversidades.