Cuántas cosas han pasado
De nuevo reaparezco para compartirles lo que ha pasado en estos últimos tres meses, pues momentos así sólo pasan una vez en la vida (¡cómo olvidarlo!) y toca contarlo al mundo.
La ausencia tanto en respuestas a correos de buenos deseos (los cuales agradezco de todo corazón a quienes nos escribieron o llamaron incluso), como a la alimentación del contenido de este blog, ha obedecido a lo que lógicamente debía pasar: vivir plenamente este tiempo de entrega, ajuste y costumbre frente a lo que es iniciar prácticamente de cero la vida y comenzar a delinear con mucho cuidado y mucho amor el derrotero de lo que será de acá en adelante.
Sin más preámbulo les comienzo a contar lo que sucedió días antes, durante y después del ocho de septiembre de este dos mil siete.
Los preliminares
Los días previos a la famosa fecha transcurrieron por una parte con relativa calma y serenidad espiritual, pero por otro lado con los afanes típicos de lo que sería una celebración; si bien queríamos se marcara más por el contexto sacramental que social, no dejaba de demandar mucha atención y mucho cuidado en cada detalle.
Nuestras familias estuvieron muy atentas a lo que estaba pendiente por ultimar, nuestros compañeros de trabajo muy dispuestos a la molestadera e incluso "amenazadera" de hacernos algo, que con visos de sencillez terminara siendo un inmenso pretexto para el desorden y la guachafita extrema. La verdad -para bien o para mal, aunque más bien que mal- se quedaron en eso y no trascendieron a mayor cosa salvo los comentarios como "nunca es tarde para arrepentirse", "se cansó de la buena vida", etc. En fin, una buena época con sabor a rareza pero con expectativas que le daban un toque preciso de ansiedad.
La noche
La última noche de novios transcurrió de manera lenta prácticamente. La angustia ya estaba comenzando a superar los niveles de Valeriana ganados a punta de gotas durante las últimas tres semanas, pero terminaba siendo aplacada por comentarios como "esta es la última noche que te recojo y te traigo", "esta es la última noche que me regreso solo", "en doce horas ya seremos esposos" y otras cuantas que ya pasaban de lo nostálgico o lo necesariamente alentador.
Bastante avanzada la noche, y cada uno en su respectivo hogar (hasta el último momento), llegaron las bendiciones y los buenos deseos de nuestros padres, que hacían sentir más cercana la hora pero más seguros de la decisión, arraigando el interés y el empeño por sacar todo adelante.
Lo realmente duro hasta ese instante llegó cuando ya arropado apagué la luz del cuarto (que era prestado porque en el que era mío ya no podía dormir pues ya había trasteado la cama) y sentí el peso del momento y la angustia del "esto ya no tiene reversa y es para siempre". Ese fue uno de los segundos de la vida en los que he experimentado más fuerte la fe en Quien creo, mi Dios hermoso, y el firme propósito de llevar a buen término lo que ya sentía como trazado por Él en mi vida.
Llegó el día
Despertar no tuvo mayor complique, como tampoco salir de la cama como en algún momento lo alcancé a imaginar. Me levanté a pulir más de una cosa pendiente y con mucha cautela pero tampoco con demasiada parsimonia, comenzé a darme mi último duchazo de soltero.
En cada acto sencillo sentía la anestesia por la que tanto me había preparado, desde alistarme la corbata hasta amarrarme los zapatos.
Ya eran las diez y estaba listo en el carro esperando a mis papás para salir directo a la iglesia. Rumbo a ella pensaba que se día, en que pasaban los carros a mi lado como cualquier otro sábado, ese día, nacería nuevamente. Esa reflexión cobraba más sentido en la medida que recorría toda la vida hasta ese momento y recordaba las quinientas ocho veces que pensaba o decía "cuando yo me case" y veía que al final de cuentas el día estaba pasando como cualquier otro, sin tanta arandela y sin tanto adorno como lo suele uno imaginar.
Cuando llegué había gente esperando a pesar que aún faltaba tiempo para llegar a las once de la mañana, hora para la cual estaba marcado el inicio de la ceremonia. Los músicos aún no estaban completos y el viento había dispersado por todo el patio que antecede a la capilla en el seminario Valmaría, los pétalos que supuestamente adornarían los bordes de la alfombra que enmarcaba el camino de la novia. No faltó que más de uno preguntara "¿Está nervioso?" a lo que siempre respondí que no, pues como ya lo dije, sentía que la cosa no era conmigo (no por negarlo sino que la decisión me tenía muy tranquilo, cosa que más que nervios me generaba mucha ansiedad).
La gente prácticamente ya estaba completa pero aún faltaba un ligero detalle: la novia. Ella fue presa de un trancón de sábado soleado bogotano donde el pico y placa hace más falta que nunca; los padrecitos (mi tío y el padre Jaime) aprovecharon para contar sus anécdotas de retrazos de novias y no bacilaban para pedir cada cinco minutos que llamara y averigüara donde venía mi futura esposa. En las tres llamadas que hice me decía mi cuñada que ya en cinco minutos llegaban. Lo justo de esta espera es que dio tiempo para que todo se acomodara, los invitados llegaran prácticamente en su totalidad, pero sobre todo, que de él se sacara partido para que la gente viviera el momento con gracia y expectativa.
Finalmente llegó
Llegó la novia y con ella el inicio de la ceremonia, que comenzó con mi entrada junto con mis padres hasta medio camino de la entrada al altar,
a la vista de todos los asistentes que ya se encontraban acomodados. De fondo, una música suave que me tranquilizaba bastante, restándole peso a las lágrimas que por su peso se me querían escapar (ahora sí más que ansioso estaba nervioso pero también muy agradecido con todo el cielo de tenerme ahí, esperando a que entrara mi muñeca con su vestido blanco que por mucho rato fue expectativa en su diseño).
Mis padres y yo mirábamos a la puerta de la capilla que por organización cerraron para que yo no viera a la novia, hasta el punto en que a contraluz ví pasar el sol por una rendija que finalmente se abrió por completo. Ahí estaba mi niña, muy hermosa con vestido corto como incluso yo lo había soñado, y de gancho de sus brazos a cada lado, Don Germán y Doña Vicky, llevándola muy reposadamente pero con angustia al punto donde finalmente ante Dios me sería entregada por ellos. Sin mayor gesto ni palabras pero con todo el cariño del mundo, Don Germán puso mi brazo junto al de Diani y de ahí en adelante ya fue caminar solos a lo que sería la bendición del Padre Altísimo, a lo que quería desde hace rato nuestro corazón.
Nuestro nerviosismo pasó a ser alegría y emoción, acompañados de dos sacerdotes que supieron llevar a cabo una ceremonia en la cual habíamos depositado nuestro deseo de ser inolvidable. Mi tío, el padre Hernando y el Padre Jaime que nos "vió crecer" espiritual y sentimentalmente, hicieron de ese día algo digno de recordar siempre, marcando no sólo nuestros corazones sino también el de muchos asistentes que presenciaron cómo Dios se hacía parte de nuestra unión y se consolidaba como hilo fundamental en el lazo de tres que en ese momento se formaba.
Vino la bendición de argollas y mis ojos se empañaron rotundamente haciendo "estragos" conmigo pues fue muy difícil evitar que se dieran cuenta que estaba bastante conmovido (además que el micrófono no ayudó mucho pues todo el mundo debió escuchar lo difícil que resultaba contenerme). Mi cielo estaba muy tranquila, muy contenta y eso también terminó transmitiendome mucha serenidad. Además estaba hermosa, verla ahí, al lado mío, esperando los anillos, las arras, la cinta, todo; como diría Master Card, eso no tiene precio.
Instantes especiales como el Padre Nuestro junto con nuestros padres y padrinos, y de la mano de los sacerdotes la bendición de todos ellos, quedaron insertados en mí. La música fue clave aunque nuestras expectativas eran mayores pues teníamos como cantantes las mejores voces de lo que a mi juicio es el mejor ministerio musical nacional que he oído. Lo importante es que finalmente salió todo muy bien y todos quedaron muy contentos con la ceremonia. Mi tío Nano, el curita de la familia, cerró con unas palabras memorables y muy especiales que de todo corazón le agradezco.
A la salida nos esperaban una lluvia de confetis y serpentinas que contrastaban con el cielo espectacularmente azul y lo que es mejor, el abrazo, la compañía, el amor y todo el afecto expresado por todos y cada uno de los asistentes a la celebración. Muchas gracias a todos porque de manera muy sincera recibimos de todos el cariño que nos confirmaba una vez más que íbamos por el camino correcto, marcando así el inicio de una relación que por siempre, estoy seguro, será bendecida.
Acá las fotos de aquel hermoso día.
Recepción
Ya en el carro, de camino al salón, veía pasar los primeros minutos de casado disfrutándolos con Diani recordando todo lo que la ceremonia nos trajo. Al tiempo, en la calle, la gente nos veía pasar, algunos con intriga de ver la novia, otros que incluso saludaron y felicitaron.
Llegamos al salón, todos nos esperaban. Fue bastante grato ver la gente reunida entorno a nuestra celebración, haciéndose partícipes de nuestra alegría. Ferchi y Linda, quienes son mi cuñada y su esposo, nos esperaban como los maestros de ceremonias que queríamos que fueran y comenzaron a llevar la reunión en el orden que habíamos planeado que sucediera. Comenzamos con la comida (ya era la hora del almuerzo) la cual fue adornada con una bella oración de Ferchi. Luego vinieron las palabras de don Germán, las mías y luego las de mis padres, todas al cual más de emotivas. En seguida el baile de los novios que queriendo hacer alusión a la alegría que deseábamos reflejar, cambiamosa Strauss por Celedón y gozamos con todos la canción "Qué bonita es esta vida".
La rifa de la liga y luego del ramo hicieron parte de la tradicional alegría que un evento como estos trae. Luego como sorpresa que tenía guardada para Diani, llegó un grupo vallenato, género bastante atrayente para ella con lo que la gente comenzó a bailar.
Gracias a Dios todo salió muy bien y lo más importante, todos estuvieron muy contentos como lo habíamos esperado y soñado. Valió la pena la espera, la organización, el esfuerzo no solo de nosotros sino también de nuestras familias para que ese día todo saliera bien y nos sintiérmamos llenos de gozo por lo que nuestra unión representa no sólo nosotros sino también nuestras familias. MUCHAS GRACIAS A TODOS NUEVAMENTE.
Luna de miel
Como podrán imaginarse, acá no entraré en mayor detalle salvo que al día siguiente, muy madrugados salimos para Panamá por ocho días donde gozamos de muy buen clima, muy buena comida y un ambiente bastante agradable. Afortunadamente todo salió bien, con un poco de angustia al principio al ver que sin querer confundí la maleta con otra idéntica pero que por gracia de Dios nos dimos cuenta a tiempo (aún cuando ya habíamos salido y todo el mundo ya había tomado su respectivo trasporte... el Señor es muy grande que encontré a las personas que por error tenía nuestra maleta!).
Disfruten las fotos que queremos compartirles.


